domingo, 27 de marzo de 2011

Malas noticias.

Día gris, todo es gris, pero cada vez se vuelve más negro, todo se va a la mierda, y lo notas cada vez más fuerte, pierdes todo, y la herida cada vez es más grande, y es ahora cuando te das cuenta de que nadie en este mundo se preocupa por nadie, todo es egoísmo e hipocresía.
Todo empezó aquel día en el que estaba en la cama, con el chico que más quiero, fumándome un cigarro y hablando tranquilamente, y el móvil sonó. Era esa chica que no me gustaba que nombrara, la chica con la que estuvo anterior a mí. Siempre dije que me daba igual que tuvieran sus peleas, sus rollos, que lo llamara para discutir, pero no era así, no me daba igual. Su ex-novia quería quedar con él para hablar, o al menos eso me dijo. Lo acepté le dije que fuera, que era lo más conveniente, pero no supe que cometía el mayor error de mi vida.
Pasó el día y no supe nada de él, no me contestaba los sms, ni las llamadas, no se conectaba, algo raro pasaba... o él no quería saber nada más de mí.
No quería salir con mis amigas, no me sentía con ganas, debía hablar con él, necesitaba hablar con él, algo raro pasaba, y no se podía quedar así. Al final del día, él me contestó al teléfono, yo, muy nerviosa, le atropellé con miles de preguntas, pero la única contestación de él fue:
-He vuelto con ella, lo siento.-
De repente, todo mi mundo se derrumbó, haciendo así que cayera en una gran tristeza, incluso creo que se le podría llamar depresión. No supe nada de él en meses, y yo no conseguía remontar, no podía salir con mis amigas y reír, siempre quería llorar, solo llorar.
Un inesperado día, me llegó una carta, era extraña, olía a perfume de hombre, con una letra en el reverso muy conocida, pero... Tenía algo que no me daba buena impresión, pensé que había gato encerrado. Abrí la carta, y ví que era de la persona de la que menos me interesaba saber... Él. Pero en la carta no decía la típica disculpa, si no que me pedía ayuda. Era tanta mi desconcertación por esa carta, que no podía leer sin que mis lágrimas empañaran mis ojos. La carta decía que me dijo que volvió con ella, pero no era así. Lo que realmente pasó fue que tuvo que irse, la vio a ella, pelearon, y ésta ya tenía preparada una defensa física, por así decirlo. Dos chicos de una musculatura bastante notable, lo cojieron, y... Mejor no nombrar lo que hicieron después. Estuvo en el hospital, tuvo problemas de dinero, puesto que su familia no podía pagar ciertos tratamientos que tuvieron que aplicarle, fue a su casa, se apartó de todo, y sólo se dedicó a la infórmatica, a recuperarse lentamente y fumar. Que no me dijo nada porque no quería preocuparme, atarme a él, quería que rehiciera mi vida. Pero esa no fueron maneras, me daba igual pasarme las noches en el hospital cuidando de él, gastar mis ahorros en su tratamiento, con tal de que estuviera bien, lo necesitaba, lo necesito....
Tan pronto como pude, me presenté en su casa, tenía el brazo escayolado, la cara chupada, y andaba con dificultad. Me saludó con dos insípidos besos, ya no me besaba ni siquiera en los labios... Estuvo echándome la bronca por haber ido a verle, lo que él no sabía es que me tiré horas en la calle mirando su ventana, a ver si conseguía ver algo, pero nunca ví nada. Cuando terminó de hablar, solo me salió una palabra. Te quiero. No supo qué decir, se quedó callado, se sentó y encendió un cigarro, hizo el intento de hablar varias veces, pero todas sin éxito. Finalmente hablé yo. Le conté el martirio que pasé estos dos meses, sin saber nada, y por despedirse así, que yo ya no sabía si él me quería o consiguió olvidarse de mi, que yo no lo había conseguido, solo necesitaba una cosa, y era oír su voz diciendo algo hacía mí. Entonces, abrió la boca y soltó un austero y triste te quiero. Lágrimas salían de mis ojos, pero él permanecía impasible, le daba igual, nunca le afectaron las lágrimas ni las súplicas. Decidí marcharme, lejos, muy lejos, donde ni él ni nadie pudieran encontrarme, un lugar donde vivir conmigo misma, sin que nadie me juzgara ni me hiciera daño, un lugar, en el que la única que se haría daño sería yo. Entonces, me cogió fuertemente del brazo, me zarandeó bruscamente, y me confesó que no quería que me fuera, que se pasó todo este tiempo mirando mis fotos, recordando mis besos, mis caricias, nuestros ratos en su cuarto, y que no deseaba verme desaparecer, me necesitaba, al igual que yo a él.
Encontramos nuestras miradas, y de nuestros labios salieron las dos palabras que quería escuchar... Nunca más.
Te quiero.

Esta entrada está basada en algunos hechos ocurridos con una persona, si lo leyera, supongo que sabría quién es. Una vez más, te quiero.

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Nunca os pasó?

Hay veces que me lo planteo, ¿nunca os ha pasado estar en casa, aburrida, sin nada qué hacer, nadie con quién hablar, nadie con quién pasar un rato?, el día es triste, gris, nublado...lluvioso. Hace frío, no apetece salir, apetece quedarte en casa leyendo un buen libro o viendo una buena película y es entonces cuando piensas. Piensas en todo, lo que te rodea y lo que es más lejano, y es cuando te das cuenta que todo te influye, de una manera u otra, acabarás recibiendo críticas de otras personas por querer mostrarte como realmente eres, o simplemente por ser como ellos no quieren que seas. Sinceramente, hacia eso solo siento repugnancia, repugnancia al pensar que en este mundo no pueda decir lo que pienso libremente, lo que me apetece hacer, o cuales son mis sentimientos sin temor a que alguien los ridiculice.
Si en ese momento mantienes una relación sentimental, la mayoría de tus dudas e interrogantes serán sobre esa relación. Siempre queremos más, nos piden más, ¿por qué no aceptarnos como somos verdaderamente? sueño con que llegue el día en el que de igual si eres más guapo, más feo, más alto, más bajo, mientras el interior sea lo que realmente se valore en una relación. Si sois adolescentes, como yo, uno de los mayores problemas será el qué dirán mis padres. ¿Lo acetaran?, ¿me dirán que lo deje?, ¿me castigaran?... Hoy puedo decir que me da igual eso. Si no lo aceptan, que no lo acepten, es mi vida, mi pareja, me da igual que me digan que lo deje, seguiré con él porque lo quiero, que me castiguen, no tienen motivos para hacerlo, por eso, no hay que tener miedo a este tipo de cosas.
Es cierto que a veces resurgen fantasmas del pasado, antiguos amigos, antiguas relaciones, antiguos problemas... Y si, molestan mucho, pero el pasado, pasado es. Lo que hiciste o no hiciste en el pasado no debe importar ahora, lo hecho, hecho está, y nadie puede juzgarte por eso nada más que tú, porque tú eres la única dueña de tus actos y tus pensamientos, y ahí nadie puede decirte qué hacer.
El sexo, ¿por qué ese tabú?, ¿acaso no lo hacemos o lo haremos todos?, me parece estúpido ese secretismo y esa prohibición hacia él, puedo hacerlo siempre y cuando tenga conocimiento de todos los cuidados que hay que tener, por lo tanto, si los sé... ¿Por qué reprimirme? Yo desde luego no lo hago, ni nadie debería hacerlo.
Miles de cosas así, y otros temas aparte, se me pasan por la cabeza cada vez que tengo un rato a solas, en el que puedo concentrarme en mí, pensar sola y exclusivamente en mí, ser un poco egoísta por una vez no viene nunca mal, siempre y cuando no se haga en exceso, ya se sabe que todos, o casi todos los excesos son malos :P
Un saludo. :)