Todo empezó aquel día en el que estaba en la cama, con el chico que más quiero, fumándome un cigarro y hablando tranquilamente, y el móvil sonó. Era esa chica que no me gustaba que nombrara, la chica con la que estuvo anterior a mí. Siempre dije que me daba igual que tuvieran sus peleas, sus rollos, que lo llamara para discutir, pero no era así, no me daba igual. Su ex-novia quería quedar con él para hablar, o al menos eso me dijo. Lo acepté le dije que fuera, que era lo más conveniente, pero no supe que cometía el mayor error de mi vida.
Pasó el día y no supe nada de él, no me contestaba los sms, ni las llamadas, no se conectaba, algo raro pasaba... o él no quería saber nada más de mí.
No quería salir con mis amigas, no me sentía con ganas, debía hablar con él, necesitaba hablar con él, algo raro pasaba, y no se podía quedar así. Al final del día, él me contestó al teléfono, yo, muy nerviosa, le atropellé con miles de preguntas, pero la única contestación de él fue:
-He vuelto con ella, lo siento.-
De repente, todo mi mundo se derrumbó, haciendo así que cayera en una gran tristeza, incluso creo que se le podría llamar depresión. No supe nada de él en meses, y yo no conseguía remontar, no podía salir con mis amigas y reír, siempre quería llorar, solo llorar.
Un inesperado día, me llegó una carta, era extraña, olía a perfume de hombre, con una letra en el reverso muy conocida, pero... Tenía algo que no me daba buena impresión, pensé que había gato encerrado. Abrí la carta, y ví que era de la persona de la que menos me interesaba saber... Él. Pero en la carta no decía la típica disculpa, si no que me pedía ayuda. Era tanta mi desconcertación por esa carta, que no podía leer sin que mis lágrimas empañaran mis ojos. La carta decía que me dijo que volvió con ella, pero no era así. Lo que realmente pasó fue que tuvo que irse, la vio a ella, pelearon, y ésta ya tenía preparada una defensa física, por así decirlo. Dos chicos de una musculatura bastante notable, lo cojieron, y... Mejor no nombrar lo que hicieron después. Estuvo en el hospital, tuvo problemas de dinero, puesto que su familia no podía pagar ciertos tratamientos que tuvieron que aplicarle, fue a su casa, se apartó de todo, y sólo se dedicó a la infórmatica, a recuperarse lentamente y fumar. Que no me dijo nada porque no quería preocuparme, atarme a él, quería que rehiciera mi vida. Pero esa no fueron maneras, me daba igual pasarme las noches en el hospital cuidando de él, gastar mis ahorros en su tratamiento, con tal de que estuviera bien, lo necesitaba, lo necesito....
Tan pronto como pude, me presenté en su casa, tenía el brazo escayolado, la cara chupada, y andaba con dificultad. Me saludó con dos insípidos besos, ya no me besaba ni siquiera en los labios... Estuvo echándome la bronca por haber ido a verle, lo que él no sabía es que me tiré horas en la calle mirando su ventana, a ver si conseguía ver algo, pero nunca ví nada. Cuando terminó de hablar, solo me salió una palabra. Te quiero. No supo qué decir, se quedó callado, se sentó y encendió un cigarro, hizo el intento de hablar varias veces, pero todas sin éxito. Finalmente hablé yo. Le conté el martirio que pasé estos dos meses, sin saber nada, y por despedirse así, que yo ya no sabía si él me quería o consiguió olvidarse de mi, que yo no lo había conseguido, solo necesitaba una cosa, y era oír su voz diciendo algo hacía mí. Entonces, abrió la boca y soltó un austero y triste te quiero. Lágrimas salían de mis ojos, pero él permanecía impasible, le daba igual, nunca le afectaron las lágrimas ni las súplicas. Decidí marcharme, lejos, muy lejos, donde ni él ni nadie pudieran encontrarme, un lugar donde vivir conmigo misma, sin que nadie me juzgara ni me hiciera daño, un lugar, en el que la única que se haría daño sería yo. Entonces, me cogió fuertemente del brazo, me zarandeó bruscamente, y me confesó que no quería que me fuera, que se pasó todo este tiempo mirando mis fotos, recordando mis besos, mis caricias, nuestros ratos en su cuarto, y que no deseaba verme desaparecer, me necesitaba, al igual que yo a él.
Encontramos nuestras miradas, y de nuestros labios salieron las dos palabras que quería escuchar... Nunca más.
Te quiero.
Esta entrada está basada en algunos hechos ocurridos con una persona, si lo leyera, supongo que sabría quién es. Una vez más, te quiero.
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